NYFF “Le Quattro Volte”

Qué buena película es “Le Quattro Volte”!

Parece que su director, Michelangelo Frammartino, un italiano de Calabria, la parte más al sur del país, conoce muy bien su zona natal. En esa parte filmó este notable híbrido que captura la rutina de pueblo, el ciclo de la vida, no sólo de sus residentes sino que de los animales que pululan por ahí. En realidad los animales y la naturaleza, la materia, en sus diferentes estados se termina apoderando de la pantalla, mezclándose y mutando.

En un evento del festival, Frammartino me comentaba que estaba obsesionado con los animales, que le fascinaban las cabras, los perros. Lo cual es cierto, porque esos animales deben de estar en el 75 porciento de la cinta. De hecho dijo, si no me equivoco, que puso a sus cabras y perros en los créditos, como actores. En un momento empezamos hablar del plano de empezada de “Satantango” y me dijo que se daba carambolas de felicidad cuando lo veía.

Frammartino es un tipo que está en un lugar del cine donde pocos están trabajando y sus resultados, de puesta en escena, son únicos, pese a que ya hace rato uno puede decir que hay directores interesados en la naturaleza, las tomas largas y los animales. Su filme integra magistralmente  las personas con las cosas, las vivas y las inertes. Debe tener además unos cuantos pasajes que son de antología cinematográfica. Cine puro, sin destilamiento, como esa larga “toma del perro” (que no quiero echar a perder si cuento mucho más y que desde ya entró en los anales de las tomas más inspiradas que ha dado el cine en bastante rato). Una toma que, según explicaba el cineasta, repitió 27 veces.

Se trata de un filme circular que se compone de hermosas secuencias que se van pasando el testimonio. La partida, especialmente cuando se nos explica el personaje del pastor viejo, es un poco ambigua. Pero en la medida que vamos viendo la importancia del entorno, la dimensión del filme, su peso, empieza a sentirse, y de ahí en adelante es un torbellino cinematográfico.