NYFF “Aurora”

“Aurora” fue una tremenda experiencia. La nueva cinta de Cristi Puiu me impresionó porque se va construyendo desde el lado más impensado. Es un filme difícil, por muchos minutos de una vaguedad desconcertante,  pero hay un momento en que toda esta incertidumbre da paso a una claridad abrumadora e inteligente.

Había escuchado que era la historia de un hombre que comete una serie de crímenes en tiempo real, lo que de entrada me daba un poco de flojera encarar, porque estoy harto de películas donde el protagonista es un asesino o se transforma en tal. Es como si las historias estuvieran  condenadas a ese parámetro temático. Pero la verdad que “Aurora” es de una complejidad que elabora en un territorio mucho más profundo: la narrativa interna de las personas,  el modo cómo justifican sus actos en la vida . En realidad podría ser la historia de un asesino o de un futbolista, de un cocinero o un monje. Son la serie de hechos que vemos planteados en el filme los que nos hacen pensar, en algún instante, porqué esa persona hace lo que hace. Un ejercicio que raramente hacemos con el resto de aquellos que nos rodean.

Como en todas las grandes películas – y los rumanos han estado produciendo varias de estas- hasta las pequeñas cosas tienen una conexión indivisible con el resto. Uno de los primeros diálogos apunta a este mundo de tiempos y estructuras internas. Una mujer le comenta  al protagonista sobre algo relacionado con la caperucita roja. El le dice que no le entiende. Ella le vuelve a repetir la frase. La verdad es que yo, como espectador, tampoco entiendo de qué está hablando la mujer. Es casi como un chiste. Al tercer intento de la mujer, y agregando un poco más de información, tanto el protagonista como nosotros entendemos, finalmente, hacia donde iba su comentario, a tal punto que en realidad nos queda claro que la frase que había usado al principio era bastante apropiada y sí tenía sentido. Ese momento, casi banal, habla con mucha transparencia de lo que vendrá después. Internamente uno simpre conoce su universo propio, actúa de un modo que corresponde a ciertas valoraciones, por una causa, por una serie de antecendentes previos, que quedan en el fuero íntimo y de lo cual lo que se expresa o emerge al mundo exterior es muy poco. Eso poco puede llegar a colisionar con lo que expresan o entienden los otros. El filme plantea que  hay un problema de comunicación intrínseco, inevitable. Algo que ya había sido esbosado en su filme anterior, “La muerte del señor Lasarescu”. Pero esta cinta está en un lugar distinto al de Lasarescu.

En realidad “Aurora” tiene más cercanía con “Police, Adj” , otro gran filme rumano. Una cercanía temática, aunque cada una con su estilo y voz propia. En el filme de Corneliu Porumboiu los ojos están puestos en un policía. En el de Puiu, la mirada está al otro lado del río, en lo que normalmente llamaríamos un criminal. “Police, Adj”  es sobre un agente haciendo su trabajo y formándose una opinión respecto a un sospechoso, que practicamente nunca vemos. En “Aurora” somos nosotros los que tenemos que directamente ir formándonos una idea de alguien al que sí vemos todo el tiempo (todas las escenas del filme). “Police, Adj” es de una gran descripción de la relación de un hombre enfrentado al Estado. En “Aurora” no hay policías, ni hay Estado –salvo muy al final- pero sí existe un componente que hace emerger la idea de catalogar o encajar a alguien en un molde externo, que es lo que básicamente puede llegar a hacer la ley cuando es aplicada sobre un sujeto. En el caso de “Aurora” estamos en el instante previo a que el peso del sistema legal caiga sobre el hombre. Antes de que alguien lo catalogue de criminal.

¿Qué es un delincuente? Esa es la pregunta que se hace Puiu. En la conferencia en el Walter Read Theatre -  que además coincidía con  su primer vez en los Estados Unidos- el director decía que había hecho la película para entender más sobre las personas catalogadas como criminales. Con mucha  sensatez Puiu ahondó que en su caso el cine es una técnica para investigar la realidad. No hay duda que el hombre lo hace bien. Con Lazarescu hizo un obra maestra sobre el mundo de la medicina y médicos. Ahora hizo otra, sobre criminología.