NYFF 8


Manoel de Oliveira presentó su última película en el New York Film Festival y sigue trabajando en una de sus vetas que lo caracteriza, con profundas influencias del teatro y la literatura. Oliveira, que ya cumplió 100 años, es un hombre que empezó a hacer cine en la etapa de los precursores, aunque rápidamente asomó la cabeza hacia terrenos más vastos, donde abrazó muchas libertades a la hora de mirar. Creo que en todos los casos que me he encontrado con un filme de Oliveira – al menos en el Olivera reciente- percibo una tensión entre cierta contemporaneidad y la vez un apego por lo teatral y novelezco. Es un sello de este cineasta. Oliveira debe de ser una de las figuras más atractivas o llamativas que andan dando vuelta.

Ahora, eso no quiere decir que todas sus películas me gusten. Me suelen seducir algunos pasajes y espantar otros. A ratos me encanta su humor y otras veces creo que hay muchos chistes fallidos. A veces opera una excesiva teatralidad en sus personajes y en los diálogos que sobreexplican o no aportan mucho al tema que está desarrollando. A veces su puesta en escena me sorprende, especialmente cuando es estática, directa, sin rodeos, cuando observa, cuando capta las intensiones y transformaciones de sus personajes. Otras veces caigo aletargado por lo que considero son una serie de movimientos narrativos antojadizos y torpes. En fin, creo que mucho de lo que expreso, es descriptivo de mi experiencia viendo su última película “Eccentricities of a Blond Hair Girl”. Este filme es un melodrama a paso calmado, una historia de amor o de obsesión entre un joven de clase alta portuguesa y un atractiva chica que aparece en su vida literalmente en la ventana del frente. Una historia de un amor imposible por ciertos traspiés familiares, por la falta de trabajo, por las exigencies sociales y, además, por otros chistes, que no voy a contar (que caen en la categoría de fallidos) para no matar la historia. También es una película sobre el dinero y las crisis que genera cuando escasea. La película transcurre en el presente y hace guiños a ciertas problemáticas de hoy. Sin embargo sus personajes se comportan como si se tratara de principios del siglo 20. Es tan extraña la sensación de atemporalidad, que en un momento el protagonista dice que se va a ir a la Isla Cabo Verde para buscar mejor fortuna. Por un momento pensé que se iba ir en barco y le iba a tomar meses ir y volver, pero no había terminado de pensar eso cuando me enteré que ya había regresado en avión. La película esta llena de ese tipo de cosas.

De todos los trabajos que Oliveira ha hecho en esta década me quedo con “I Am Going Home”.