NYFF “Misterios de Lisboa”

“Misterios de Lisboa” es un triunfo de la gran aventura llevada a la pantalla grande.  Podría llamarse Cuentos de Lisboa, Historias de Lisboa o hasta Historias Extradordinarias (como la eximia película argentina). “Historias Extraordinarias” es una oda a la historia total, interminable, inspirada en la novela decimonónica, pero inserta en el mundo contemporáneo. “Misterios de Lisboa” es un canto al mundo antiguo, a la moral del siglo 19 en Portugal. Es abiertamente una cinta de época. Una cinta que conquista lugares donde muchas miradas cinematográficas que intentaron llegar a esas cumbres se plagaron de errores e inconsistencias. Es un filme que funciona como una vorágine, que  cuenta varios grandes periplos de amor, venganza, fortunios e infortunios, a través de la tradicion oral, a través de ventanas que se van abriendo dentro de un cuento, que ya era parte de otro cuento. Un filme que podría no tener fin, y cuyo peso se siente tras vivenciarse las cuatro horas que dura la experiencia.

El trabajo de Raúl Ruiz es contenido, sobrio – uno diría hasta lineal comparado con otras formas más complejas que ha elaborado en el pasado. Pero creo que Ruiz elige ese acercamiento porque entiende que la historia o historias que tiene en sus manos son de un vértigo explosivo en sí mismo. Nos encontramos con Pedro Da Silva, un chico huérfano que le pregunta a un curita sobre sus borrosos orígenes. El sacerdote le cuenta  de su pasado, de su padre y de su madre, a través de un recuento de hechos acaecidos en años recientes. De este modo vamos enterándonos de las vidas de personajes que habitan la sociedad de Lisboa, aristócratas, piratas, ladrones, impostores, emprendedores, nobles arrogantes y otros venidos a menos, personas con más de dos identidades, libertinos, moralistas, etc. Hasta el propio cura – uno de los sacerdotes más divertidos de la historia del cine- se transforma en un héroe de la manera más inusual, en su búsqueda de un sentido de justica, que alguna vez vio perdida en su juventud.

La historia es una adapatación de la alambicada novela del mismo título escrita por Camilo Castelo Branco. Un libro que a Ruiz le cayó como anillo al dedo, porque es un cineasta que adora los cuentos, las cosas que van quedando en una niebla y se transforman pausadamente en mito. Pero además de estos elogios como gran película de género y artificios, “Misterios de Lisboa” es un retrato que captura brillantemente la médula de la problemática del hombre en busca de la felicidad y el modo en que se adapta a los fracasos, cuando no la alcanza. Siempre he creido que la idea de esfumarse, de escapar emocionalmente, para poder encontrar un nuevo balance en la vida, es un tema que ha sido poco explorado en el cine. Ruiz y su guionista –Carlos Saboga- consiguen hablar de aquello pero dentro de las expresiones propias del siglo 19. Pocas veces antes había tenido tanto sentido para mí la idea de la reclusión en un convento, el viaje a tierras desconocidas o hasta los duelos. También es una gran descripción de cierta tendencia humana a repetir los mismos errores. Es un filme que explora con una poética casi matemática aquellos ciclos vitales que se van reencontrado en los lugares más impensados.

Entretenidísimo trabajo de Ruiz.