NYFF “Ruhr”

Probablemente me preguntaré por varios días hacia dónde va “Ruhr”. Al menos mientras se mantenga este estado de perplejidad en el que quedé. Quizás el misterio no se revele nunca. Debe ser la película más inquietante del NYFF. Estaba colocada en Views from the Avant-Garde, pero tenía que haber sido parte de la selección principal.

El filme de James Benning, compuesto de no más de 6 planos y con el que ha dejado el 16 mm para pasar al formato HD, me dejó como si hubiera pasado por al lado de un reactor nuclear. Me costó levantarme del asiento. Benning es un campeón de las tomas largas y creo que su nuevo formato le acomoda tremendamente bien. El hombre sabe lo que hace y con la tecnología a su disposición sus posibilidades son ilimitadas. De hecho, esa última toma de una hora y veinte minutos me pareció de otro planeta, atormentadora y conmovedora.  Me hizo tener una epifanía respecto al cine, como instrumento de conexión con las cosas que me rodean. Es imposibe no quedar contrariado por tal duración, por esta especie de sometimiento de tener que “ver” en un determinado sentido por tanto rato. Pero es inevitable que de esa mirada también haya una serie de reflexiones en cuanto a la exploración de la materialidad, a la capacidad de Benning de hacer de esta materia algo extraordinario, trascendental, hasta metafísico. Creo que además el sonido digital le da un sello a todo este evento, especialmente cuando escuchamos los autos y aviones pasar o el humo de una torre ir y venir.

“Ruhr” podría ser explicado simplemente como un filme compuesto de una serie de largas tomas en diferentes puntos de una  zona del mismo nombre en Alemania. Un documental que registra ciertos aspectos de esa área, que van desde la industrialización a un componente demográfico. Sin embargo, es una experiencia bastante más vasta que eso. Una experiencia que aún estoy en el trabajo de descifrar.

Cada plano en sí mismo es un verdadero evento, tiene su propia narrativa interna  y además un componente cíclico. Partiendo por la toma inicial donde se ve un túnel y pasan unos cuantos vehículos. Es un plano perturbador, que podría estar en una película de terror. Ese sólo plano es para quedar helado.  Es un túnel que me imagino fue filmado a una hora o momento en que no tiene mucho tráfico, o bien en esa zona no vive mucha gente. La toma tiene un corte expresionista incomodante, que se forma por los claro oscuros y las líneas blancas que  provienen del alumbrado en el techo y de las rayas divisorias de la vía y la berma.  Los túneles tienen esa cosa de ser espacios creados por el hombre con una utilidad práctica -de transporte- y que vistos como los ve Benning son lugares  que pasan ratos abandonados y luego son poblados temporalmente por las personas en sus vehículos. Hay una una tirantez que proviene de esta situación tan natural que es el lugar vacío y luego habitado. Un túnel vacío siempre tiene una carga de incertidumbre, de misterio, de amenaza, al menos para mí.

En otro plano vemos unos árboles que descansan tranquilos hasta que empiezan a pasar unos aviones por encima, generando un leve movimiento en las ramas.  Los árboles vuelven a su posición normal y unos minutos después el ciclo se vuelve a repetir, dando una señal de que estamos cerca de un aeropuerto. Enseguida pasamos a un plano dentro de una mesquita donde se ve orar a la comunidad musulmana. Seguimos los ritos que implican que los fieles se sienten y levanten en varias ocasiones. También hay otro plano de un barrio en el que lentamente vemos llegar y salir gente , que sugiere aparentemente la hora que las personas llegan y salen de su trabajo. Vemos otro plano de una fábrica, donde unas especies de vigas se mueven dentro un proceso automatizado. Después de un rato entendemos como funciona el  mecanismo en sí mismo, de sólo explorar el cuadro.

Finalmente nos enfrentamos a esta bestia que es la toma final, donde vemos una torre humear. Este plano demoledor también tiene que ver con los ciclos, ya que el humo sale y se va cada cierto tiempo, mientras empieza a atardercer. También es el plano más misterioso porque en realidad sólo se ve la punta de la torre – una torre muy extraña que en realidad funciona como una chimenea- y me cuesta imaginarla no siendo parte de una fábrica.

El filme, como lo mencioné antes, captura ciclos pero, más importante, es una invitación a observar, de manera casi científica, a aprender, a entender la realidad, ciertos procesos que  a veces son invisibles. Es un filme que además sugiere otras cosas que van por otros lados, varias otras interpretaciones, bastante abiertas, que he escuchado de muchas de las personas que han visto la película, pero que explicarlas me obligarían a escribir varias páginas más.

En fin, es demasiada información para una sola proyección.

Pronto hablo sobre otras pelis de la muestra Views from the Avant-Garde, como una restauración de un filme de Manoel de Oliveira y la última de Thom Andersen.