Los filmes de Bruce Conner

 

Como estuve  fuera no había alcanzado a ir los pases previos de una serie del Film Forum sobre Bruce Conner. Así que la penúltima noche de la exhibción me di una vuelta en la función nocturna. Para mi asombro había bastante gente. El tipo fue un artista estadounidense que se dedicó a armar películas en la mayoría de los casos con material reciclado, encontrado o prestado. Uno de sus trabajos más emblemáticos es “A Movie”, de 1958, un collage de imágenes que,  muy a la Godard,  hace un tratado de la cultura pop. Un predecesor del video musical, en el sentido de armar una rápida secuencia, con una música de fondo e incluir un largo abanico de temas políticos, sexuales, religiosos o triviales. En esa misma línea se mueve “Cosmic Ray”, filmes que de algún modo se posicionaron y dijeron esto también es cine. Pero más que abrazar la cultura popular y transformarse en un artista masivo, tengo la impresión que sus trabajos posteriores sólo encontraron el lugar en  galerías y museos.

Sin duda que lo del tipo es el montaje, porque de algún modo encontró ciertas claves para reducir, para sintetizar lo que contaba o -en el otro extremo- repetir códigos hasta entrar en otros niveles perceptivos. En el primer caso, tiene un corto, que se llama “White Rose”, de 1967 (filmado por él, no con archivos) sobre un departamento que debe ser desalojado. En ese lugar vive una artista que tiene inconclusa una especie de gran obra, una pintura o una escultura muy delgada con unos cuantos relieves (la verdad es que no se explica qué es). Desde ese momento el problema que se plantea es cómo sacar ese gran cuadro de ahí. La pieza es de proporciones desmesuradas, imposible de retirar por la puerta o las ventanas. Entonces llegan unos especialistas en mudanzas a hacer su trabajo, a embalar y proteger la obra, a ingeniárselas para poder extraerla, una tarea que implica romper parte de la estructura del edificio. Son labores que podrían haber tomado varios días o por lo menos una jornada entera. La mini peli, que no dura más de 10 minutos, está editada con una elegancia que sorprende por su moderndad, su sobriedad, con un sentido elíptico sumamente efectivo.  En el segundo caso – el de la repetición hipnótica- nos encontramos con varios cortos que en su mayoría describen a mujeres de la década de los cincuentas desnudándose. Como si todo lo que fue censurado en el acartonado maccartismo esta vez Conner lo hiciera público. Aparte de un gran erotismo, y de una música fenomenal (que se mueve entre R&B y Rock&Roll) el cineasta repite estas secuencias numerosas veces, en distintos momentos, realizando un gran ejercicio de observación. En esa línea aparecen mini filmes magistrales como “Marilyn Times 5” o “Vivian”.


 

Han sido días de rarezas. Primero Conner y muy pronto Alexei Gherman.  Pronto van a dar en el  “Khrustaliov, My Car!” una gema de los noventas que parece un filme sacado de otro tiempo. (Recibí un dvd cortesía de mi amigo Matt, del Brooklyn Academy of Music). Esta película es un ovni cinematográfico ruso que apareció en Cannes en 1998 y que aparentemente los programadores del mundo se farrearon. La reivindación llega de la mano de Light Industry que la presenta en BAM. La película transcurre en los 1950s , habla del stanilismo y de unas cuantas cosas más que hay que descifrar. Un filme hermético, absurdo, caótico.