Dos de Nikolaus Geyrhalter

Recientemente vi

“Pripyat” y “7915 Km”. Eran parte de una muestra, realizada en el Anthology Film Archives, sobre los documentales hechos por este cineasta austríaco. Geyrhalter tiene la piel de documentalista austero y directo, lo que sumado a un poco de ironía para mostrar ciertas contradicciones, le permite moverse con facilidad por los temas en que se involucra (alimentos en el mundo global, el rally Paris-Dakar, la radioctividad en Chernobyl, etc) . Muchos de estos temas tienen que ver con los contrastes o las tensiones que salen a la superficie entre la tecnología y las costumbres ancestrales, la riqueza y la pobreza, la globalización y las cosas locales, por nombrar algunas de ellas. En “Our Daily Bread”, su trabajo del 2005, buena parte de sus técnicas narrativas se resumían en largas, estáticas y elegantes tomas generales de campos y fábricas de procesamiento de alimentos. Nada de música ni narradores. Sólo la yuxtaposición de un plano tras otro. En términos formales este prolijo trabajo es una variante más extrema de “Pripyat” y “7915 Km”. Sorprendentemente estas últimas dos cintas, distantes en los años – “Pripyat” (de 1999) y “7915 Km” (de 2008)- tienen más cosas en común, que con “Our Daily Bread”. Las dos son seguimientos de personajes y contienen unas cuantas entrevistas que entregan un poco de información.

“Pripyat” es un filme brillante en el sentido que es deudor de sus propias ideas, que es coherente en sus planteamientos, que tiene un ritmo interno único, que brota del material. Su estructura es bastante libre, con personajes o entrevistados que van rotando, con historias que van y vienen, con una importancia recalcada en la palabra. Incluso en las escenas o planos donde vemos sólo al personaje es evidente que a Geyrhalter le importa el efecto de las palabras, de la historia oral. ¿Cuál es esta historia? La de varias personas que viven o trabajan dentro de una zona de 30 kilómetros al rededor de Chernobyl, la tristemente célebre planta nuclear que explotó en 1986, trayendo consigo muertes y el fantasma de la contaminación. Han pasado 12 años desde este incidente y estamos en Pripyat, una ciudad fantasma ubicada dentro de ese radio de 30 km. La ciudad fue evacuada tras el accidente, pero aún hay vestigios de vida y de recuerdos. Se supone que es una zona donde todo debería estar sumamente controlado, debido a los serios problemas de radioactividad, pero del documental se desprende que es un área mucho más caótica de lo que debería ser. Algunos parecen saber perfectamente bien como manejar el problema de la radiación, pero otros no tanto. Otros saben bien las reglas, pero las desafían porque sienten que Pripyat es su hogar, la tierra a la que pertenecen y de la que nunca debieron haber sido desplazados. Uno de los momentos más conmovedores es, de hecho, cuando una de las protagonistas -que antes vivía en un edificio que hoy está abandonado- decide repetir el camino que hacía todos los días entre su trabajo y su casa. Un recorrido por lugares que han cambiado, que están derruidos. La entrada a su casa debe de ser uno de los instantes más notables de presentación de lo que es la memoria, la relación entre las personas y las cosas. Una gran película.

Creo que en el envoltorio

“7915 Km” se parece mucho a “Pripyat”, pero las ideas no están tan bien logradas. Se respira mucha libertad y también hay unas cuantas escenas de lujo, sin embargo, al pensarlo como todo, es bastante dispersa. “7915 Km” viene del número de kilómetros que recorría el Rally Paris-Dakar, cuando era efectivamente entre esas dos ciudades. Geyrhalter registra los lugares más importantes que forman parte de la competencia, enfocándose en Africa. En su lúcido acercamiento inicial no se ven los autos, sólo sus huellas en el camino. Esta es la puerta de entrada para registrar a los residentes de las zonas por las que pasa el circo del rally. El filme es más amplio que eso y se va lentamente concentrando en los relatos de sus entrevistados, de sus protagonistas. Finalmente son sus historias, al principio relacionadas con el rally, y más tarde con sus problemas, sus intereses y sus aspiraciones -y con un contexto amplísimo que va desde historia reciente africana, política, economía o hasta pornografía- que se van apoderando de la cinta. Además hay un punto evidente, de contrastes (un tanto ingenuo) en lo que es la relación entre Europa y Africa. Luego nos metemos en el territorio de la inmigración. Este cocktail hace que varias de los buenos instantes se vayan enrareciendo y dejen al filme en un estado de vaguedad, de múltiples cosas a la vez, que se arman un poco forzadamente.