“Terri”

 

“Terri” es un entrañable filme del director Azazel Jacobs. Su trabajo anterior “Momma’s Man” no me había convencido mucho. En realidad, no me había gustado nada. En esta ocasión el cineasta consigue articular una comedia adolescente inteligente y repleta de verdades cinematográficas, esos momentos que sólo el cine es capaz de producir. El protagonista, Terri, interpretado por un inspirado Jacob Wysocki, es un chico de suburbio que no se adapta bien en la escuela. Llega siempre tarde, anda todo el tiempo en pijamas, es objeto de burlas y no sociabiliza con nadie. Un día el subdirector de la escuela – en manos  de un hilarante John C. Reilly- lo llama para charlar sobre su situación y darle unas cuantas lecciones respecto a la vida estudiantil y a la vida en general. De inmediato nos damos cuenta que el educador es un tipo poco convencional, a ratos lúcido, perspicaz y otras veces un farsante, un tipo igual de extraviado que aquellos que pretende ayudar. A pesar de ciertas fricciones, entre ambos se va construyendo una estrecha amistad. Debe de ser una de las películas más convincentes y sabias a la hora de hablar de la relación entre adolescentes y adultos, de los roles en la vida – y cómo a veces se invierten- o bien cómo todo se puede traducir en un juego de narrativas,  entendidos y malos entendidos. A través de la gestión de este docente Terri conoce a un par de estudiantes como él, que son considerados conflictivos en el mundo del colegio – Jacobs los llama “monstruos”- y eso es un caldo de cultivo para entender aún más estas aguas turbulentas que son los años escolares. Rara vez una frase promocional define con tanta certeza la esencia de una película: “Terri es para cualquiera que se sintió solo o malinterpretado en la escuela. En otras palabras, todos nosotros”. Además de solo, quizás agregaría abandonado.  Porque ciertamente la mayoría de sus personajes están pasando por una especie de triste y extendido desamparo. Terri vive únicamente con su tío, con quien ha tenido que arreglárselas como puede para manejar asuntos domésticos y obligaciones más importantes.  El filme arroja un pasaje brillante cuando el chico está sentando en el living de su casa junto a un amigo que le pregunta dónde están su padres, a lo cual Terri  responde que no sabe. El amigo, un poco perplejo, simplemente  mira las paredes de la desordenada sala. Jacobs transforma este momento sencillo en un instante desgarrador, cuando muestra las cosas que adornan el lugar, pequeños detalles que esbozan lo que pueden haber sido los vertiginosos años de juventud de la familia del protagonista. Cosas que, dependiendo del ángulo con que se mire, pueden ser cenizas del pasado, recuerdos o bien basura, cacharros inútiles. Esa sensación de indefinición, de falta de identidad, de estar rodeado de incertidumbre, de estar a la intemperie emocional define muy bien lo que le está pasando al personaje principal. Con esa misma sabiduría el filme también explora existosamente el tema de las tensiones sexuales entre chicos y chicas en la adolescencia. Gracias a un humor negro elegante y un alto nivel de ternura vamos sabiendo un poquito más de sus inquietudes sin que la historia se transforme en un festival de explotación, golpes bajos emocionales o chistes irrelevantes. Jacobs ha hecho una memorable comedia.