Hablando de cine

¿De qué otro tema más podría conversar? Je. Esta es una entrevista que me hizo el gran crítico de cine Héctor Soto, leyenda y peso pesado de la crítica chilena y latinoamericana, para el diario La Tercera.

La foto de la peli “Cafe Lumiere”, de Hou Hsiao Hsien, la entenderán cuando lean de qué va el asunto.

 

Jero Rodríguez es chileno, abogado formado en la U. de Chile y lleva varios años en Nueva York. Es presentador y crítico de cine en el programa Toma Uno del canal NY1, el primer espacio de la televisión en español dedicado al cine contemporáneo en Nueva York. También maneja el blog El Nuevo Canon y escribe crítica para otros medios. Realizador de varios cortos (Felipe, Cercanos, Scan) y un mediometraje (36 veces), Jero colaboró en el guión de Huacho, de Alejandro Fernández,

¿Le sigue sirviendo a la crítica de cine la teoría de autor?

Creo que sí, pero sólo si se utiliza de manera progresista. Si es con afanes conservadores, no. La teoría del autor es y ha sido útil como una forma de entender el cine. Especialmente en la épica cuando nadie ataba cabos, cuando casi todo tipo de cine era metido en el mismo saco. No se puede desconocer su relevancia a través de los años como un tipo de ejercicio formador del gusto cinematográfico. Cuando aparecieron los Cahiers en los años 50 se estaba señalando que cierto cine, de ciertos cineastas, era relevante, cuando nadie más lo estaba mirando. Descubrir un talento siempre será bueno. Pero aplicar la misma regla en el sentido contrario, para perdonarle una mala película a un director que ha hecho cosas valiosas en el pasado -por pura cinefilia mal entendida o fetichismo incluso- me resulta muy desorientador. En la idea de autor hay un lado práctico, facilitador de las cosas. Es bueno saber que existen cineastas que son capaces de hacer una película interesante. Es un primer buen argumento para discutir. Decir, por ejemplo, “me gustan unas cuantas películas de Hou Hsiao Hsien” de inmediato define muchas cosas sobre tu gusto y te pone en un lugar de la constelación del cine. Pero después lo que debería primar es el valor de la película en sí misma, lo que hace del filme algo con identidad, coherente, libre, un desafío para la mirada. A estas alturas mi balanza está un poco más inclinada hacia el valor en las películas en particular.

En Estados Unidos se mistificó mucho en un momento el llamado “cine indie”, cuyo santuario era Sundance. ¿Qué ocurrió que ahora dejó de sorprender?

El cine independiente dejó de ser lo que quiso ser desde que fue catalogado así, desde que ocupó un nicho, desde que se transformó en una marca, cosa que ocurrió hace muchos años. De partida hay una gran confusión o vaguedad respecto del concepto “independiente”. Si alguna vez fue un cine realizado en los márgenes de la industria, el concepto hoy es muy borroso. Si estuviera vivo, al pobre John Cassavetes le vendría urticaria de ver la cantidad de cineastas “independientes” que lo citan para hacer un bodrio. Está tan desperfilado el concepto que en la mayoría de los casos los cineastas jóvenes hacen películas independientes como tarjeta de presentación para trabajar en la industria. Un verdadero enredo.

Parece ser un hecho que la crítica de cine ha perdido convocatoria, influencia y poder. ¿Sigue creyendo que cumple una función importante?

Creo que la crítica de internet -blogs y revistas online- está muy viva hace bastante rato. Es una crítica que sirve para descubrir películas novedosas, para navegar las aguas de los festivales y rescatar el cine que se programa en ciertas instituciones. En la crítica perteneciente a los viejos medios de comunicación hay más problemas: pareciera asfixiada o adormilada. No es culpa necesariamente de ella, sino de los modelos en que tiene que operar. Pero eso está cambiando, gracias a la tecnología. La crítica es relevante en la medida en que haya un modelo que ofrezca películas desafiantes y de gran diversidad, cosa que ocurre solo en contadas ciudades del mundo. Si las películas son malas o monocordes casi no hay posibilidades para la discusión. El problema está unido al predominio de Hollywood sobre los canales de distribución. Pero la distribución de cine por internet y el video on demand está cambiando el panorama, creo que para mejor.

¿Qué opina de la brecha, cada vez más profunda, entre el cine que se ve en las salas comerciales y el de los festivales?

Es enfermizo que no haya diversidad en la cartelera y que gran parte de lo bueno que se produce sólo se pueda ver en festivales. Pero la distribución de cine por internet, video on demand y sus variantes lo está cambiando todo. Ahora, no obstante que hasta hace poco los festivales fueron el bastión de lucha para mantener vivo el cine, hace rato que en el mundo festivalero se está dando una subcorriente endogámica, donde se generan cintas que son sólo deformaciones o impostaciones hechas por un manual de turno, y no un acto de libertad o espontaneidad, que es lo más importante, en mi opinión.

¿Quedan cineastas que crucen exitosamente ambos circuitos?

Más que celebrar a aquellos directores que coquetean con ambos circuitos, creo que hay que celebrar las buenas películas como parte de un gran todo, sin importar desde donde se producen. Hay demasiado cine que emerge en todas partes y me atrae la idea de hablar de cineastas que tienen películas valiosas, pero lamentablemente invisibles. Es más, me gusta la idea que se pueda quebrar la siempre tediosa brecha entre las listas de las mejores películas del año distribuidas y las sin distribución (como si una fuera cine y la otra una zona fantasma, cuando probablemente ahí está el combustible creativo que alimenta a la primera). Me gusta incluso la idea de hablar de películas que, siendo anónimas, son maravillosas. Ya pasó con títulos como La libertad, Aquel querido mes de agosto, Police, Adjective, Turning gate, Platform, En el cuarto de Vanda o Historias extraordinarias, por nombrar unas cuantas.

¿Qué tan arduo y qué tan estimulante ha sido mantener por años el sitio El Nuevo Canon?

Ha sido un gran aprendizaje sobre el cine. Un diario que mezcla formatos de manera libre, informal, sin apuros. Un diario que de algún modo me ha permitido crecer, apropiarme de ciertas convicciones, estrujarlas, mantener algunas, dejar otras de lado, ver como el cine avanza, siempre escurridizo. Creo que porque crecí en una época donde no se hacían muchas entrevistas con los responsables de películas que admiraba aprendí a apreciar el valor de que existiera un testimonio de los protagonistas, y por eso cuando puedo incluyo varias de las entrevistas que hago en mi programa de televisión, Toma 1, acá en Nueva York.