“The Kid with a Bike”

 

Da placer ver cine hecho con tanta precisión, fuerza y nobleza.  ”The Kid with a Bike”, de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, es un alud cinematográfico, un filme macizo, que explora la vida de un chico que ha sido abandonado por su padre y que ahora se enfrenta a un futuro no muy prometedor, de guarderías y adopciones temporales. Es una cinta sobre la negación y quizás, más adelante, la aceptación. Estos cineastas saben bien como retratar el momento donde opera el aprendizaje en el o la protagonista. En “The Kid with a Bike”  todo avanza como si hubiera sido la única opción posible, como si cada escena fuese realmente necesaria para construir la historia. Escondida detrás de una simpleza elegante habita una poética que permite hundirnos en un realismo salvaje y desde ahí entender un poco más el alma humana.

La película se iba a llamar originalmente Pitbull, un título que creo quizás le hace más honor a lo que es su joven protagonista, Cyrill, una pequeña bestia,  un pre adolescente fuerte, intenso, ladino, peleador, iracundo, impredecible. Cuando está herido, imparable. Al arrancar el filme, este chico no puede creer que su padre se haya ido, que haya cerrado la casa y abandonado el barrio, que ni siquiera le haya dejado la bicicleta que le había regalado. La búsqueda de su bicicleta, lo lleva a saber más información sobre el paradero del papá y las razones detrás de su partida. La búsqueda de la bicicleta también le permite conocer a una mujer que se encariña con él, y que al poco tiempo se transforma en un vehículo para salir del centro estatal que ahora lo acoge. Sin embargo esto es sólo el comienzo. Todo transcurre en un pequeño barrio marginal belga- una casa, una calle comercial, una zona boscosa- un lugar en apariencia inofensivo pero capaz de distanciar a Cyril de cualquier estado de paz. El camino que viene para encontrar cierto balance – o ajuste de cuentas emocionales- es largo, rocoso y visceralmente rudo. El filme juega muy bien con la idea que los equilibrios o los cambios en la vida a veces llegan cuando tienen que llegar, y no necesariamente cuando los personas quieren.

En conversaciones de pasillo me he percatado que varios han dicho que les ha gustado el filme, aunque agregan que es más de lo mismo en el universo de los Dardenne. Me llamó mucho la atención el comentario, porque creo que la película es demasiado potente, demasiado distintiva, como para bajarle el perfil con la famosa frase “más de lo mismo”.  Lo de “más de lo mismo” es un argumento cuyo alcance depende de las circunstancias. Hasta yo he utilizado ese concepto cuando me encuentro con un filme pobre dentro de la cinematografía de un director o con una expresión más de una fórmula general que no genera sorpresas. Quizás es bueno aclarar qué es “más de lo mismo”. Para mí “más de lo mismo”  supongo que va cargado de un sentido de repetición en piloto automático, de flojera, de falta de rigor, de bajar la vara, de ausencia de radicalidad,  de inquietud, de exploración respecto a lo que se está contando.  No creo que este sea el caso de “The Kid with a Bike”. No creo tampoco que aquellas personas que hicieron el comentario hablarían de “más de lo mismo” – en el sentido negativo- al referirse al cine de Robert Bresson, Yasujiro Ozu, James Benning o Frederick Wiseman, pese a que sus obras tienen claves o códigos reconocibles.  Si también fuera ese el caso de “más de lo mismo” al que se refieren, al menos yo pediría que me trajeran “más de lo mismo” toda la tarde.  Que el cine de cada uno estos cineastas tenga un ADN, un elemento que los caracteriza, no hace que los resultados en sus filmes logrados pierdan lo revelatorio o lo inquietante. La última cinta de los Dardenne tiene esas propiedades. Quizás me irrita un poco que se caiga en ligerezas de calificar de “más de lo mismo” a un filme como este, y no se utilice ese mismo argumento con el 95 porciento de las películas generadas en el corazón de la industria cinematográfica que salen cada fin de semana, por ejemplo.