“The Silver Cliff”

 

Cuando estaba en el festival de Río de Janeiro como parte del jurado de la crítica, me tocó ver el primer día la nueva película de Karim Aïnouz, “The Silver Cliff” ( “O Abismo Prateado”). El hombre anda inspirado. Si su anterior trabajo “I Travel Because I Have to, I Come Back Because I Love You”  ( “Viajo Porque Preciso, Volto Porque te Amo”) era una hermosa meditación sobre ciertos recuerdos y el abandono amoroso mirado desde la distancia,  “The Silver Cliff” está elaborada al rededor de la crudeza del abandono en la inmediatez, en el primer golpe de los muchos que vendrán. La trama, o los primeros minutos de ella, suena como una película bastante convencional. Violeta es una dentista de Río, casada y con un hijo, que está pasando por cierto período de estabilidad, aunque no sabe que su marido la va abandonar ese día. Cuando esto ocurre, que es través de un mensaje telefónico y mientras él viaja a otra ciudad, las cosas en su vida se vienen abajo. Al hablar de que las cosas se desploman, es en serio. Violeta cae en picada, y este salto al vacío es lo que veremos en todo lo que resta del filme. La protagonista está con la herida abierta y en vez de tomarse un calmante, juntarse con algún cercano, refugiarse en lo que queda de su familia, o encontrar cualquier tipo de ayuda, decide realizar este camino sin analgésico alguno. El resultado es una noche intensa y aleatoria. Al principio intenta viajar a la ciudad donde está su marido, pero en el aeropuerto le dicen que ya no hay más vuelos. La herida es tan dolorosa que Violeta se mueve de un lugar a otro de manera errática, como si le fuera imposible detenerse. Este seguimiento se termina transformando en un golpeador ejercicio psicológico. Unido a él, una puesta en escena atmosférica que potencia estos altibajos, estos contrapuntos emocionales, en la urbe, en los lugares que ella recorre.  La escena cuando Violeta pasa por un sitio en construcción es de una belleza monumental como trabajo visual y diseño de sonido. Lo mismo ocurre en pasajes en la playa o en el mismo aeropuerto que visitará horas más tarde. Quizás porque este filme tiene tanta identidad, llama la atención cuando se manda algún bache,  especialmente en unas cuantas secuencias que están un poco subrayadas, o con metáforas innecesarias, que desentonan en esta cuidada construcción de personaje. Pero en las sumas y restas, el poder de la cinta, de esta fábula urbana y emocional, se queda por un buen rato y sigue creciendo.