Notas sobre First Look

 

Una de las buenas sorpresas de enero vino con “First Look”, la elegante muestra de cine que organizó el Museum of the Moving Image. Esta institución, que tiene casa en Queens, renovó su teatro y algunas de sus instalaciones. Los cambios quedaron espectaculares y ahora su sala de cine debe de ser de las más bellas y modernas que hay en el mundo. La verdad que vale la pena vencer el frío invernal e ir hasta allá por la sola sala, que además de un espacio cómodo y técnicamente de punta, goza de un diseño impresionantemente sofisticado. La sola cortina que cubre la pantalla es, por decirlo así, un objeto de arte en sí mismo. No se por qué no le saqué una foto. Lo bueno es que esta remozada de fachada vino acompañada de una excelente selección curatorial que, esperemos, transformrá enero en un mes para ver cine del bueno. Si el Museum of the Moving Image sigue programando series como estas, muy pronto le va a estar haciendo la competencia  al Anthology Film Archives, otra institución que ya lleva  varios años elaborando programas más  imaginativos y osados que los que realizan los clásicos Lincoln Center y el MoMA.

“First Look”, que estuvo a cargo de Dennis Lim, Rachael Rakes y David Schwartz, es un ejemplo de una curatoría cinematográfica moderna, de buen gusto, en donde prima la delicadeza con que se escogen las películas. Es de esas muestras donde importa el todo, especialmente para el espectador que fielmente va y se sienta a ver varias de las cintas programadas. La selección incluyó muchos trabajos que tuvieron su arranque en festivales como Locarno y Venecia, pero que por alguna razón quedaron eclipsados por otros filmes, lo que les hizo imposible ser mostrados en Nueva York. Probablemente estas películas habrían sido exhibidas por separado en muestras paralelas, pero la gracia está precisamente en que hayan estado todas juntas.

La película más sobresaliente fue “Nana”. Esta cinta francesa, dirigida por  Valérie Massadian,  que ya había colocado en mi lista de las mejores del año, brilla por su sobriedad y contención. La historia es la de una pequeña que se las arregla para sobrevivir sin estar bajo el cuidado permanente de su madre, una mujer cuyas entradas y salidas en la narración, o su intrigante ausencia, jamás se nos explica completamente. El campo, el lugar donde vive Nana, es el espacio para ver sus andanzas, su imaginación. Desde el primer segundo queda el sabor de que Nana existe de verdad, que es tan real como las cosas que va haciendo mientras pasa sus horas sola. Creo que esta película logra lo que “Demi-tarif” de Isild Le Besco, en un escenario similar de abandono, no pudo conseguir, ese estado de verdad que aflora, que avanza de la mano del ingenio y la sobrevivencia.  Nana tiene un componente fascinante que se va tejiendo imperceptiblemente  y que se vincula a la libertad, la posibilidad de hacer una cosa u otra, de descubrir lo que está ocurriendo en el momento. Al mismo tiempo goza de una ternura que sólo la paciencia de Massadian pudo producir o capturar. En sus escasos 68 minutos se respira vida, algo similar a lo que ocurre con “Papirosen”, un documental de breve duración  del cineasta argentino Gastón Solnicki, que como muy bien dijo alguien por ahí eleva los estándares del las películas familiares. De esa magnífica película ya he hablado y de hecho está la entrevista con su director en mi programa Toma 1.  Sólo agregar que por cortesía del propio Gastón pude disfrutar de su excelente trabajo anterior “Suden”, un documental que dejó impreso para siempre el regreso a la Argentina del legendario compositor Mauricio Kagel. Ojalá que esa elegante película también se logre dar por estos lados.

Más adelante escribo sobre otros trabajos incluidos en la muestra, unos cuantos documentales, además de la nueva de Raya Martin, “Buenas Noches España” y otra que tenía muchas ganas de ver, “Life Without Principle”, de Johnnie To.