El Pequeño Fugitivo y el cineasta que se nos fue

Morris Engel se fue de este mundo este año, tal como llego a hacer peliculas. En silencio, sin parafernalia ni publicidad. Una lastima su partida. Vivia aca en NY, y de hecho hizo practicamente toda su obra (unos pocos films) en esta ciudad. Cuando vi el año pasado El Pequeño Fugitivo no podia creer que jamas hubiera escuchado antes de esa pelicula. Algo parecido me paso hace poco con el descubrimiento de Bela Tarr. En Little Fugitive estan todos los elementos del cine contemporaneo. Fue una bocanada inspiradora que a mediados de los cincuentas le dio un empujon emocional y estetico a la Nueva Ola Francesa y a las primeras peliculas independientes estadounidenses. Pero parece que el aventon fue para unos pocos. El tiempo se encargo de dejar a Engel un poco eclipsado por la cantidad espectacular de trabajos que aparecieron en los sesentas. Como las cosas avanzan para los lados que uno menos se imagina, a este cineasta le toco el turno de entrar a la vida filmica a deshora, demasiado antes y muy despues. Tanto asi, que casi no filmo nada por cuatro o cinco decadas. El Pequeño Fugitivo podria haber sido perfectamente filmada por el propio Bela Tarr, Abbas Kariostami, Jean Eustache, cualquiera de los representantes del Nuevo Cine Argentino o incluso John Cassavetes. La frescura de esta pelicula es tan evidente, que uno se golpea contra la muralla – molesto- por la injusticia historica de haber tenido una distribucion limitada. Pero, como decia Jonas Mekas, las cosas que son brillantes son muy dificiles de esconder. Tarde o temprano saltan y vuelven a la pantalla con toda la fuerza que tuvieron cuando salieron por primera vez a la luz. El Pequeño Fugitvo cuenta la historia de un niño que se queda por un dia al cuidado de su hermano mayor –un chico de 14 años o algo asi- porque la mama tiene que salir de la ciudad a atender una emergencia. Obviamente, el hermano chico es un cacho para el hermano mayor. Tanto asi que al poco rato se aburre de jugar con el, y junto a sus otros amigotes decide hacerle una broma. Al cabro chico le hacen creer, mientras juega con un rifle de plastico, que una bala se disparo accidentalmente, matando a su hermano. El niño cae en el chiste, y angustiado, decide escaparse del barrio donde viven, en Brooklyn. ¿A donde? No lo sabe muy bien, se sube al subway y termina llegando al parque de diversiones de Coney Island. Ahi, con una ingenuidad maravillosa, se le termina olvidando que mato a su hermano, y se pone a jugar en las distintas atracciones. Esta “odisea” es tan sencilla como la propia experiencia del chico. El niño piensa que es un profugo de la ley, y a pesar de que se divierte, cada cierto tiempo se asusta con la presencia de policias –que estan ahi de casualidad, comiendose un hot dog o haciendo cualquier lesera inofensiva- porque el cree, en su paranoia, que lo andan buscando. El hermano se da cuenta que el mas chico se esfumo, y desesperado parte a buscarlo, porque sabe que cuando llegue la mama, y vea que no cumplio con su obligacion, le va a llegar una pateadura. Esta es la simple estructura dramatica que se plantea en el film. Y Engel hace un trabajo prolijo para mostrar el universo infantil, con un lenguaje sobrio y minimalista, que reduce todo a acciones basicas. Por eso en este año que se termina, vaya un homenaje para este gran cineasta de pocas palabras que ya descansa en el panteon de los mejores.