Recuerdos de Flaherty 2

 

Por mera casualidad justo antes de ir al seminario de Flaherty me había leído “El gobierno de la excedencia”, del italiano Alessandro Di Giorgi, un lúcido libro de criminología que habla de la tragedia que afecta al sistema penal moderno manifestada, entre otras cosas, en estar transformado en un medio de control de varios sectores sociales, como por ejemplo lo son las minorías étnicas o inmigrantes. Los filmes del francés Sylvain George, especialmente “Qu’ils reposent en révolte (Des figures des guerres)” (“Que descansen en la rebelión, figuras de guerra”) son retratos de los movimientos migratorios en Europa – y su cultura nómada- en el momento en que chocan con los mecanismos de control. George registra a esta masa itinerante cuando le cae el puño del sistema represivo carcelario. Lo que vemos es una de las más brutales expresiones de violencia de estado, una verdadera guerra que hasta ahora no había sido representada tal como es en el cine o en los medios. Uno sabe de las cifras, que el sistema penal europeo tiene sospechosamente demasiados migrantes en cárceles y centros de detención temporal. Pero poco se ve del dispositivo de control en acción. Lo que queda en la pantalla grande es golpeador, contundentemente real, un llamado a que estas víctimas de la represión estatal tengan una voz política. Con “No Border” (“Sin frontera”) otra cinta de George mostrada en el seminario, esta problemática es sacada del “campo de batalla” de Calais y llevada al plano de la protesta callejera en París. En este corto se ve la celebración de una marcha militar y al mismo tiempo, en otro sector, una manifestación de inmigrantes indocumentados. “No Border” también tiene ese tenso tono iracundo y urgente de “Qu’ils reposent en révolte (Des figures des guerres)”, y del mismo modo busca denunciar las divisiones entre los incluidos y los excluidos. Pensaba en este cine de la exasperación y me sigue siendo recurrente otro filme político que se dio en Flaherty. “Las manos arriba (Retrato urgente del 15-M)” del catalán Isaki Lacuesta, fue un corto que me llamó la atención por su voz enfadada frente a varios problemas sociales inmediatos. Acá Lacuesta utiliza el material que grabaron los estudiantes de un seminario impartido por él en Barcelona, quienes registraron una serie de protestas ante la caótica situación económica en España. Es un corto viral  y complejo, que en estado de desasosiego le pega unos cuantos palos a todos aquellos que son considerados responsables de los problemas económicos españoles. Está más que claro que el programador de este año, Josetxo Cerdán, quería esta veta política agitada en algunos de los filmes escogidos. Sin embargo también se dio el tiempo para armar un diálogo en torno a las injusticias desde las antípodas de la mirada anterior, como por ejemplo fue el caso de la pausada y lírica “48”, de la portuguesa Susana de Sousa Dias. La talentosa cineasta reunió una serie de fotografías de prisioneros políticos sacadas por la policía durante la larga dictadura de António de Oliveira Salazar, con resultados que son devastadores e inquietantes. Por un lado consiguió reconstruir una parte del pasado de una persona (recuperar su humanidad) y al mismo tiempo dejó al desnudo los desafortunados mecanismos de control social por los que tuvieron que pasar, como el encarcelamiento y la tortura. Apreciando desde la distancia lo que Cerdán reunió, pareciera que el cine, en sus diferentes formas -como golpe de vuelta en las trincheras, como protesta o como un poema- aún puede ser un agente de transformación de la historia.