Un verano de pelicula

Un verano de pelicula

Recien regrese de una screening de un film bastante malo que se llama You, Me and Dupree. Fue vergonzoso esperar a que terminara la pelicula. Ver como se repite hasta la saciedad una estructura ya de por si desgastada. Lamentablemente, ese tipo de estrenos es la tonica en la temporada veraniega de Nueva York. El gran problema del cine estadounidense es que no ha cambiado en nada su vieja manera de contar las historias, se trate de drama o comedia, sea en serio o cuando estamos hablando de simple entertainment. En algun momento, particularmente en la primera mitad del siglo pasado, el cine norteamericano era un referente para muchos autores de distintas partes del mundo, que de algun modo adoptaron esa estructura y la depuraron, y la transformaron en tendencias que hasta hoy tiene reververancias. Pero en el 2006 ese cine –y muchos de sus reciclajes- no es mas que un viejo mueble mal parchado, que sigue teniendo algunas lineas de diseño, pero finalmente con gusto a nada.

De ese cine, como le pasa a los buenos aficionados a la opera, se puede escuchar repetidas veces una area, se puede degustar un par de acordes interpretados por algunos directores norteamericanos contemporaneos – o incluso extranjeros impregnados de ese gustillo- que insisten en darle rienda suelta al viejo canon. En algunos casos puede ser muy agradable, cuando esta bien ejecutado. Pero en lo que resta –que es el 99.9 porciento de lo que se esta haciendo- es una sensacion agria, con sabor añejo y de obviedad. Una sensacion similar a la que produce asistir a una obra de teatro escolar. Los unicos cineastas estadounidenses que estan haciendo cosas interesantes – y que inevitablemente estan ligados a esfuerzos aislados- son una especie de pequeños oasis, unos nichos minusculos, con escasa distribucion, que brillan a pesar de toda la operacion mediatica que ejerce no solo el cine mainstream, sino que el llamado cine indie –sinonimo de mediocridad disfrazada de cine de autor- ejecutado por una amalgama de directores sin talento, pero con mucho ego.

Lo bueno de estos nuevos trabajos es que son, al fin y al cabo, aire fresco. Son obras que existen y que afortunadamente se pueden ver gracias a la agudeza de ciertos programadores de festivales, sociedades cinematograficas y los ojos despiertos de unos cuantos criticos alrededor del mundo. Ahi estan autores jovenes como Andrew Bujalski, Ira Sachs, Lodge Kerrigan o Kelly Reichardt. Estos cineastas son mas deudores de algunos cineastas europeos y asiaticos que del cine estadounidense. No por nada hace 30 años Paul Schrader –que de lucido tiene bastante – auguro que el cine como corriente narrativa tenia nuevos caminos para recorrer, gracias a la obra de Robert Bresson y Yasuhiro Ozu.

De ese tiempo ahora, aparecieron figuras claves como Maurice Pialat, Abbas Kiarostami, Bela Tarr o Hou Hsiao Hsien que se encargaron de dejar bien marcadas las huellas de un estilo que goza de muchas cosas en comun, como la estructura anticlimatica, la rigurosa observacion de los detalles, el uso radical de la elipsis narrativa y una puesta en escena austera. Por supuesto hoy estan en esa linea autores como Hong Sang Soo, Pedro Costa, Nuri Big Ceylan, los hermanos Dardenne, Cristi Puiu, Jia Zhang Ke,Tsai Ming Liang, Michael Haneke, solo por nombrar a algunos.

En ese grupo entra este puñado de nuevos cineastas estadounidenses, que explorando esta nueva estructura, han sido capaces de dar su vision de lo que es la norteamerica anglosajona, bastante contaminada a estas alturas con todo un rico fenomeno de integracion cultural y etnica. ¿Cuantos años van a pasar para que este cine sea absorvido o aceptado por quienes producen peliculas en masa? Probablemente muchos mas. Es dificil vencer el temor a adentrarse en caminos en apariencia desconocidos. Y mientras eso pase, habra que seguir viendo en la mayoria de las salas de cine -o en el cable o la television- la misma historia contada por enesima vez, con un vuelta de carnero mas y un fuego artificial por alli y por aca. Lo que en definitiva pude resultar injusto, aunque al parecer es la ley de la vida.