María Ramos

En una escena cinematográfica brasileña repleta de películas a lo “Ciudad de Dios” y otras experimentos donde abunda la pirotecnia y el efectismo, es un placer encontrar a María Ramos. Su segundo documental -”Juízo”- resulta una experiencia muy grata de ver y explorar. Lo llamo documental, pero la calificación creo se queda corta, porque esta película se mueve en un territorio que le emparenta con “Close Up” de Abbas Kiarostami o con algunos filmes de Eduardo Coutinho, otro buen cineasta proveniente del Brasil. En estos trabajos, los límites entre ficción y no ficción no están claramente definidos y avanzamos por ese híbrido de principio a fin.

Recuerdo que en el 2006 en el Film Forum se estrenó sin mucho bombo ni platillos, “Justicia”, la película anterior de Ramos, sobre las cortes criminales en Río. Unas semanas antes me había llegado una copia del filme, del que tenía que hablar para mi programa Toma 1, en NY1. Como lo hago siempre, pasé unos minutos a una sala de máquinas del canal -donde están todos los reproductores- para chequear que el DVD estuviese bien. Una vez que empezó a pasar la película, la verdad es que no me pude ir de ahí y vi, hipnotizado, todo el film. De hecho debe de ser la única película que he visto de pie. La inusual fuerza de este trabajo, su puesta en escena directa y austera, me sorprendió de sobremanera.

Las habilidades de Ramos como cineasta -su disciplina en el modo de encuadrar, de capturar a sus personajes y revelar la información- son fuera de lo común. Pero además de estas virtudes narrativas, la cineasta tiene una intuición, un ojo para entender una temática que raramente se retrata bien, que es el mundo de las cortes, de los procedimientos, de las cárceles, de la criminalidad y de la justicia penal. “Juízo” comparte esta misma mirada, pero en los tribunales criminales de menores de Río. En su modo de acercarse a los hechos, en una estructura que funciona por deducción, vemos una serie de momentos que siempre consideré muy aburridos, como comparendos, audiencias, careos, etc, sin embargo al cabo de un rato esas imágenes van revelando un refrescante componente humano. Basta escarbar un poco en esas escenas, para entender que se trata del lado humano de algo que normalmente tiene connotaciones de otro tipo, en el mundo de las formalidades legales o de las noticias.



En su manera de filmar Ramos genera un efecto acumulativo que inevitablemente nos lleva a esas preguntas que desde siempre se han hecho en filosofía y en el derecho penal, sobre cuál es el rango de libertad que tenemos todos, si sirven las cárceles, o el encierro, o las diferentes formas de sancionar. Es una larga sumergida en la zona de las agresiones, de las invasiones, de las imposiciones de puntos de vista, de lo que dice uno y de lo que dice el otro. La directora aprovecha estos momentos –la mayoría de ellos conversaciones en la misma sala de audiencias- lo que nos conduce a redescubirir el valor de la palabra. Tal como lo hace Coutinho en “El final y el principio” –aunque de un modo formalmente distinto- sus personajes hablan y hablan de distintas cosas, algo que a la larga nos coloca en una posicion privilegiada para enteder lo importante que es para cada uno la historia que se cuenta. En el caso de “Juízo”, es cómo se construyen los hechos, la exactitud de las afirmaciones, la verdad de lo que se dice y lo que se niega, desde una perspectiva muy real. Dan muchas ganas de investigar y saber más de cómo se desenvuelen estos conflictos que intentan ser resuletos, y quiénes son esas personas que participan de él. Pero, a fin de cuentas, lo que resulta apabullante es descubrir la lucidez con que se retratan los comportamientos humanos. Es un efecto abarcador, cinematográficamente brillante que Ramos crea gracias su paciencia y rigurosa distancia. Lo que está en el cuadro y lo que queda fuera de él. Tal como en los propios hechos que se retratan y de los que jamás vamos a tener una plena certeza.