Los balances de Cantet

Una de las grandes habilidades de Laurent Cantet como cineasta es su olfato para capturar el modo en que se van construyendo los comportamientos y relaciones de poder. El poder más que nada ejercido en pequeña escala, en relaciones básicas de trabajo, en una familia, o en el caso de su última película, “Entre les murs” (o “The Class”), en una sala de clases. Todo el filme transcurre en una escuela secundaria parisina, a la que asisten estudiantes de diversos orígenes étnicos y nacionalidades. Durante un año, o menos, vemos el modo en que se va desarrollando una maratónica y agridulce relación entre el maestro y su clase. La película podría ser vista como una mirada en miniatura de la Francia moderna, de su cultura e identidad en el siglo 21. Sin embargo, creo que su esencia es más amplia y está orientada al tema de los egos y los comportamientos de cada uno de los individuos que habitan el colegio.

La maestría con que Cantet reveló, en “Ressources humaines,” las distintas fuerzas de poder que existen en una fábrica está presente en su nuevo filme, pero ahora entra en territorios donde esas prácticas funcionan de un modo casi imperceptible. “Ressources humaines” trataba sobre las variadas formas en que se manifesta el poder que ejerce un sindicato, los dueños de la fábrica, las personas de recursos humanos y los trabajadores. En “Entre les murs” no es tan evidente ese mecanismo. Estamos en presencia de un juego de poder más emocional y menos asumido que se manifiesta, por un lado, en el tejido que debe construir el profesor para hacerse respetar, enseñar su materia y motivar a sus pupilos, y por otro lado, en los distintos mecanismos que crean los estudiantes –en la más profunda y radical adolescencia- para que la relación sea lo más distante posible cuando el maestro o la materia les genera rechazo. Del filme de Cantet se desprende claramente que esa tensión, ese tira y afloja, puede ser un verdadero infierno.

En un estilo narrativo muy realista –conseguido gracias a un convincente elenco de actores aficionados y a una puesta en escena que brilla por su austeridad – este director francés opta por una observación casi clínica de sus personajes que genera un aplastante efecto expansivo. Esta posición coloca a todos los que participan en el filme en un mismo lugar ante el espectador. Es desde esa vitrina como vemos, sin filtros, al maestro y al alumno en los aciertos y desaciertos, en los días buenos y en los días malos, a los profesores que a veces son capaces de solidarizar con un colega, y otras veces son implacables a la hora de imponer sus distintas visiones de lo que es la enseñanza. Ambas caras de la moneda aparecen también entre el alumnado, donde hay momentos de camaradería, de risas o lealtades, y al mismo tiempo odios u hostilidades que afloran en los momentos más impensados.

Es importante señalar que aquí no estamos en presencia del estereotipo de profesor tirano, de profesor inspirador o de los alumnos sublevados. En “Entre les murs”, el protagonista–profesor consigue de algún modo ganarse el interés de la mayoría de la clase porque es persistente, franco, tiene humor y es capaz de integrar métodos o pedagogías más originales. El filme además transcurre en una escuela bastante democrática en sus procedimientos, donde los alumnos tienen participación en las reuniones de los profesores y todo se habla de un modo bastante directo. La gran tragedia en la película es la constatación de que pese a esa cercanía que se puede llegar a alcanzar entre unos y otros, siempre habrá una brecha, un espacio que tiene que ver con los roles que cumple cada uno. En la apuesta de Cantet se explora a fondo y con madurez la idea de que cada persona siempre tiene una justificación o sus propias razones para actuar, y eso tarde o temprano va a tener repercusión en el resto, para bien o para mal.