Pine Flat

“Pine Flat”, de la directora y fotógrafa estadounidense Sharon Lockhart, es una maravilla, un brillante poema a la juventud, a la adolescencia, a la niñez. A través de 12 secuencias, cada una compuesta de un plano largo y fijo, este filme consigue representar aquellas aristas que son tan propias de ese momento, como la parte lúdica, la crueldad, la ingenuidad y al mismo tiempo el despertar sexual.

Es un filme que tiene una profunda conexión con la naturaleza o el entorno en que se desarrolla. Transcurre en las distintas estaciones del año en un bosque de las montañas de Sierra Nevada en California, muy cerca de donde se encuentra una pequeña comunidad rural (expicarlo de ese modo, en todo caso, no le hace honor al filme, porque en la película nunca vemos ni se menciona esa comunidad y todo está fragmentado por grandes elipsis). En ese bosque vemos a un puñado de jóvenes o chicos que por diversas razones – razones bastante realistas- interactúan o tienen que pasar una parte de su tiempo en ese lugar. La cineasta nunca sale de ese bosque, y las ideas que nos formamos de aquellos que componen el filme, son precisamente de las percepciones que nos quedan al verlos desenvolverse en esa simple toma, cuya duración es de 10 minutos.

Este trabajo, hecho en 16 mm y cuyo rodaje tomó 3 años, observa las distintas dinámicas que se generan entre los protagonistas y la naturaleza que bordea el poblado donde viven. Se trata de fragmentos simples, pero revelatorios sobre quiénes son esas personas. Una niña leyendo un libro en una agradable tarde de primavera. Un chico durmiendo una siesta veraniega. Un chico cazando en una mañana otoñal. Un par de chicos buscando algo en una poza en el verano. Otro chico esperando a que lo vengan a buscar mientras bien a lo lejos, entre medio de un valle, escuchamos el ruido de un auto acercándose. Unas parejas de niños besándose en un prado otoñal, mientras oímos el sonido de una carretera. En fin, son varias situaciones bastante diferentes en que opera el transcurso del tiempo y en el que también se perciben aquellos componentes de la identidad de un niño o un adolescente, especialmente cuando algunos de los personajes del filme se empiezan a repetir y los vemos en otras facetas.

Es, ante todo, una experiencia sensorial concreta, de la coexistencia de cosas y personas. El filme abre con una toma general –de 10 minutos- de unos pinos o coníferas de un verde oscuro, mientras nieva intensamente. Es un paisaje bello, pero inhóspito. Mucho más adelante se ve una toma general de unos árboles, en un día nevado -no necesariamemnte el mismo plano que antes- por el que pasan unos niños, subiendo la ladera. Luego, en otro plano general, esta vez brumoso,  también vemos unos árboles y oímos a unos chicos que juegan a lo lejos, cuyas figuras constantemente se confunden en la niebla.

“Pine Flat” fue estrenado en el 2005. Por años estuve tratando de verlo, pero siempre se me escapaba de las manos. Siempre fueron esfuerzos en vano. Aparte de los pocos secreenings públicos en que ha estado, hay que recordar que es de propiedad de una galería, lo que hace más compicada su exhibición. Por eso cuando me enteré que el MoMA lo iba a proyectar como parte de una muestra dedicada a Creative Capital, supe que no podía desperdiciar esta oportunidad. Gracias a las gestiones de una de las publicistas del museo, la encantadora Meg Blackburn -quien hace un trabajo formidable -se pudo hacer un pase previo. Es probablemente uno de los screenings más extraños en que he estado. Se trataba de una pequeña sala a la que era muy difícil de acceder -estaba en una parte laberíntica de las oficinas de muse0- éramos sólo dos personas, y a la mitad de la película, creo que en el intermedio, hubo un simulacro de incendio donde por altoparlantes le pedían a todo el mundo evacuar el edificio. Obviamente ni a palos iba a irme de la proyección. Dado que finalmente se producía ese momento tan esperado, tenía que estar loco para salirme. Y creo que la otra persona  que estaba ahí – un crítico de Film Comment- pensó del mismo modo, porque ni se inmutó.

El filme se da ahora en el MoMA. Es un imperdible.