Varias olas en una

Cuando escuché de “Two in the Wave” (“Dos en la ola”) fue inevitable pensar en la cinefilia, en todo el sedimento que se acumula tras años de amor irrestricto por las películas. Las figuras de Francois Truffaut y Jean-Luc Godard en el marco de la Nouvelle Vague  – o antes de ella con Cahiers- me parecen lejanas hoy, aunque no se puede negar que son ritos de iniciación, que por lo menos en mi adolescencia ocuparon mucho tiempo de lectura, de visionado de filmes y acciones cargadas de emociones (que incluyen hasta una visita especial a la tumba del autor de “Jules et Jim” en en el cementerio de Montmartre). En algún momento fueron modelos a seguir. Representaban la tensión que siempre ha existido en un dúo –un concepto que me recordó la película “Double Take” de Johan Grimonprez, que no tiene nada qe ver con estos dos cineastas, pero que sí esboza la lógica de los espejos que opera cuando interactúan pares- Truffaut parte más radical y se pone más conservador, Godard parte más convencional pero se torna un revolucionario.  Ambos ocupan un lugar en mi corazón.

Truffaut se murió hace muchos años y parecía que iba encaminado hacia un cine más tradicional del que quizás jamás iba a salir. Godard le sobrevivió y desde temprano demostró que es un tipo que abrazó la libertad, cuya búsqueda lo llevó a descubrir varios modos de entender el cine y que cada dos por tres sigue asombrando a todos con trabajos de una claridad inimitable.  Godard es una de las personas más importantes y trascendentes de la  historia del cine. Es un hombre – con cursivas y subrayado- de cine, un pensador que ha entregado varias de las ideas más lúcidaz sobre lo que significa la actividad cinematográfica.

En fin, creo que cuando uno habla de este par de críticos/cineastas, en el fondo está hablando de una institución que es por todos conocida, de un lugar común de la historia. Se ha escrito demasiado al respecto y creo que cada uno tiene su propia percepción de estas figuras. Por eso, cuando apareció este documental, “Two in the Wave”, me imaginaba que se iba a tratar de un trabajo con aristas reveladoras de ese período. Sin embargo resulta casi una cronología. Truffaut y Godard se conocen en los cineclubs parisinos, luego trabajan bajo el alero de André Bazin en Cahiers du Cinema, se transforman en críticos enfant terribles, empiezan a hacer sus películas desde fines de los cincuentas, encuentran muchos detractores, son amigos hasta fines de los sesentas cuando se distancian por diferencias ideológicas. Salvo por una que otra imagen de archivo interesante y un espíritu apasionado, el filme es precisamente una repetición ordenada de esos acontecimientos. Un documento histórico que tiene un envoltorio un poquito más monono, pero que tiende a repetir la misma información. No se puede negar que uno la pasa bien en este filme hasta por el placer de recordar películas vistas en el pasado o escuchar textos que alguna vez fueron como una religión. Pero lo que no se puede dejar pasar es no haber aprovechado la distancia que da tanta agua que ha corrido bajo el puente para darle nuevas interpretaciones a las cosas.

Lo más atrayente quizás es la exploración de los trabajos de Jean-Pierre Léaud con Godard. Aunque es un capítulo al que se le dedica unos cuantos minutos. En el fondo se habla que Léaud tuvo dos padres cinematográficos en estos dos amigos-enemigos. Estas reflexiones más que pensar en Godard y Truffaut, me hicieron acordarme de “La madre y la puta”, y al notable Léaud  que emerge  bajo la dirección Jean Eustache, un cineasta que, como muchos otros, fue  eclipsado por la nueva ola francesa. Sería bueno que se desarrollaran más documentales, más recuperaciones históricas entorno a monstruos como Eustache.