Cannes 3


Es temprano, está asoleado y con el ánimo por arriba porque anoche vi en Un Certain Regard la que hasta ahora es en mi opinión la mejor película que me ha tocado en el festival, “Politist, Adjectiv”, del rumano Corneliu Porumboiu. Es un un filme muy inteligente, sencillo, un ejercicio en tres pinceladas sobre el trabajo de la policía en el contexto del sistema legal o judicial. Es una cinta que le da una cara real y práctica a la justicia, que se arma desde el personaje de un agente policial que está investigando a alguien. Cuando la película partió, con largas y reiterativas tomas de un seguimiento de dos personajes, me acordé de “Jeanne Dielman, 23 Quai du Commerce, 1080 Bruxelles” de Chantal Akerman, y me asusté, porque pensé en todos los peligros de esa puesta en escena, que ese estilo fuera derivar en el cliché de la contención estirada para llegar a la explosión final, del asesino, del psicópata, del lado brutal y descontralado que emerge. Una película a paso de caracol, pero con las mismas ideas que hay detrás de las películas más convencionales. Nuevamente, como lo mencioné en el post anterior, pensé que estaba ante un caso en donde se ofrece una libertad narrativa, pero a fin de cuentas las ataduras con la vieja melodía son imposibles de evitar. Sin embargo, en “Politist, Adjectiv” estas largas secuencias de personajes que apenas conocemos son la base para plantear precisamente la temática de la película: cómo se va armando la certeza en torno a una persona, cómo alguien -un policía- que es totalmente ajeno a la vida de un tercero -el sospechoso, del que apenas sabemos su nombre y apellido, y que sólo vemos de lejos- tiene que formarse una opinión sobre él. No sólo una opinión, si no que una decisión que puede afectar su vida para siempre, ya que implica decidir si se presentan o no cargos contra él. Es decir, nos colocamos en el punto de vista de alguien que tiene que informar al sistema judicial sobre otro, y esa información, esas descripciones que están escritas en un reporte que hace la policía, es el método con que nosotros como espectadores nos vamos armando también de una cierta idea de verdad. Es la esencia del sistema burocrático-judicial expuesto en la pantalla grande con una sutileza que asombra, con todos los conflictos de caracter moral y legal que van emergiendo, pero en miniatura. Además que la película tiene un sentido del humor que deslumbra, que va unido a la palabra, al sentido de la palabra, a su significado, a la interpretación, que es la ecuación con que la idea de la justicia se transforma en realidad. Una gran, gran película, de la que tendremos que escribir mucho más.