No envejeceremos juntos

Esta obra maestra de Maurice Pialat – que en inglés se llama “We Won’t Grow Older Together”-  llega a la ciudad con todas las devastadoras verdades que asoman cuando retrata el amargo final de una relación sentimental. Han pasado casi 40 años desde su estreno, pero tiene una vitalidad tan aplastante, que pareciera que hubiera sido hecho ayer.

Lo van a estar dando como parte de BAMcinemaFEST. Como ya lo había mencionado en otro lado, los programadores invitaron a Olivier Assayas, para que escogiera y hablar de un par de filmes. Este es uno de ellos.

Esto fue lo que escribí sobre el filme cuando aparació la versión en DVD de la colección inglesa Eureka¡:

Recién revisaba la notable “We Won’t Grow Older Together” (“Nous ne vieillirons pas ensemble”) de Pialat, que ya salió en DVD en Inglaterra, junto con otras de sus obras maestras de los sesentas y setentas (ya era tiempo). Hace poco leí o escuché algo –no recuerdo donde- que insinuaba que cuando se trataba de puesta en escena, o habilidades narrativas, el cine de Pialat era tibio, sin muchos dotes, ni bemoles, no obstante lo intenso que podían a llegar a ser sus dramas. Esta explicación poco orgánica del modo de entender la puesta en escena, me hizo pensar lo odioso que puede llegar a ser entender el cine, el cine medianamente interesante, como sinónimo de alardes. Creo, que no se puede calificar una película en base a demasiados parámetros, salvo a la coherencia, a la lógica que trasunta en sí misma, a la propuesta concreta que establece.

Al contrario de la afirmación de lo que leí, el cine de Pialat para mí entra en ese contado grupo de filmes –el de las grandes películas- donde lo que se cuenta, se explica de un modo tan lógico, tan normal, tan coherente, que no habría otro modo de relatarlo. Su filme se compone de una aleación donde la puesta en escena y la historia tiene una indivisibilidad que lo hacen único. No me imagino “Nous ne vieillirons pas ensemble” con una pirotecnia narrativa, con un dulzón preámbulo introductorio sobre la vida de los personajes principales, con las sobreexplicaciones, ni con decoros de cámara – o floritudes, como diría Roberto Bolaño- ni con pompas, ni una catarsis ramplona, ni un momento operático, ni con un montaje paralelo, ni metáforas, ni momentos poéticos o con un salida de solemnidad. El cine de Pialat en “Nous ne vieillirons pas ensemble” es diáfano, directo, acumulativo, elíptico y sin traiciones. Creo que esa coherencia y densidad es lo que define buena parte de su obra. Pialat casi no toca notas en falso, hace propuestas concretas desde la austeridad, no se arrepiente a medio camino, y consigue hacer, en el caso particular de “Nous ne vieillirons pas ensemble”, un amargo retrato, realista, del final de una relación amorosa, del infierno de un tipo que para bien o para mal está dejando de ser amado por otra persona.

Creo que Pialat, en sus mejores filmes, desarrolló un estilo que es consecuencia de su aguda capacidad de entender la realidad – los grandes cineastas son, creo yo, aquellos que de algún modo reinterpretan o actualizan el modo en que entendemos la realidad. Los buenos trabajos de Bela Tarr, Jean Pierre Melville, Micheangelo Antonioni, o Lisandro Alonso – en La Libertad- por nombrar algunos, están en las antípodas del cine de Pialat. Son alegóricos, sofisticados, complejos en el trabajo de cámara, pero también tienen un grado de coherencia, indivisibilidad, unicidad y densidad que los hace detectables de inmediato. Tienen un modo concreto de establecer como ven el mundo, y no hay manera de echarlos para atrás.