Cannes 9

Un crítico de cine me había recomendado “Carcasses”, un documental canadiense, dirigido por Dennis Cote, que es parte de la Quincena (de hecho esta selección tuvo 3 trabajos provenientes de Canadá). El comienzo fue auspicioso. Una especie de pausado y contenido registro de un hombre que vive y trabaja en un lugar donde van a parar miles de piezas de autos. Este señor tiene una rutina diaria, que implica mover o remolcar grandes partes de viejos automóbiles, encontrar repuestos abandonados a su suerte, y atender a las personas que llegan hasta ahí para comprar una pieza. Además lo seguimos en las diversas actividades de su vida personal. Por un momento pensé en una suerte de evolución o involución de carácter emocional, unido al paso del tiempo, porque el filme se enfoca en el trabajo del protagonista en prácticamente todas las estaciones del año. Sin embargo, el recuerdo que me queda es el de un trabajo que jamás dejó de salirse del asombro inicial por su personaje, y cuando hay alguna posibilidad de que las cosas agarren un rumbo un poco más entrañable, la película se empantana en otras anécdotas y hechos externos que no se salen del mero registro, o de la manipulación emocional (no quiero contar de qué se trata la otra parte del filme, para no describir demasiado su trama). Es un sabor extraño. Por un lado creo que Cote es un buen cineasta, alguien que se arriesga en caminos no narrativos y que quiere mostrar un lado solitario de la experiencia laboral. Por otro, está la propuesta concreta, lo que el filme finalmente es (cada vez estoy más convencido que para hablar de una película hay que ver la película y lo que plantea concretamente) y en ese sentido siento que sus resultados son planos.

Es interesante que así como hay filmes como “Carcasses”, también hallan en esta selección cintas como “Les Beaux Gosses”, una comedia francesa abiertamente imbuída en el género adolescente, muy cómica (desde un punto de vista de lo directo de los chistes), en algo realista, pero que no aporta mucho más en el mismo género, de estudiantes de escuela secundaria hábidos de sexo y chicas. Una película nostágica, que recuerda a decenas de comedias estadounidenses. Ya bajando la vara, en Un Certain Regarde, me encontré con “Adrift”, del brasileño Heitor Dhalia. Un thriller familiar que transcurre en un balneario de Brasil, donde una chica descubre que su padre tiene un amante y se producen unas secuencias medias voyeristas, para olvidar. No me explico muy bien que andaba haciendo esta película en esta sección (como muchas otras, jejeje).

Esto abre al tema de cuál es el criterio que a fin de cuentas se utiliza para escoger las pelícuas que están el festival. Obviamente muchas –especialmente en la competencia oficial- son elegidas por el lado más comercial, del glamour, de la atracción mediática. Pero en el resto, se supone que debería haber un grado de consistencia. Aparentemente es la idea de la diversidad, de gran feria. De colocar un poquito de todo – en terminos de autores, de géneros, de grupos, de política, etc- aún cuando la calidad narrativa se recienta, y entonces de diversidad pasemos a disparidad cinematográfica. Y creo que esta disparidad es algo que atraviesa a todas las secciones, operando de diversas maneras, y generando el sabor de inconsistencia. También hay una especie de distorción de la realidad. Uno ve estas grandes celebraciones de las galas, donde todo es de una gran solemnidad, como de catedral, en que se celebra la mirada de un cineasta, y claro, como decía Gonzalo Maza, eso genera un trastorno de desde donde se está armando el gusto, la apreciación, un loop de virtuosismo, de nombres, que tiene resonancia en todo el mundo.


Una pregunta que me viene dando vueltas hace rato es el grado de especialización de los que deciden qué vamos a ver, en terminos de programación. ¿Son especialistas, conocen del medio y son capaces de discernir en diferentes grados o todo es una zona gris un poco más allá de los márgenes de las películas mainstream? ¿Es parte de la misma zona gris una película de Corneliu Porumboiu, Raya Martin, Dhalia o de Yorgos Lanthimos? ¿Es su acercamiento a esas películas el mismo que el de una persona que se deslumbra ante todo lo que viene de esa zona gris, en ese umbral donde aparentemente todo es un azar desconocido, todo es valioso y todo le gusta? Nacen muchas preguntas sobre en qué estado de conocimiento del cine están los que programan, y esto mismo lo planteo respecto a la crítica, que es la otra pata de esto, que genera, se supone, una discusión. Cuánta conciencia hay de las propuestas concretas que hacen las películas, cuántas abren espacios y realmente expresan algo, cuántas son una mera formula disfrazada de la nebulosa del artificio, de la mera impostación, de la falsificación. En fin, son muchas preguntas.