Cannes 10

En el momento que escribo esto ya se entregaron los premios, vengo llegando de vuelta a casa y estoy agotadísimo. Fueron 10 días intensos, de altibajos, de decepciones y de descubrimientos. En el post anterior me preguntaba desde dónde se arma la selección, dónde está el corazón de los que programan y por qué lo programan. A eso le agregaría que las películas que se hacen cada año y que postulan o llegan al festival son también un factor importante que hacen notable o mediocre una selección. Los programadores, los buenos y los malos, como dice mi amigo Alejandro Fernández, son los que en definitiva tienen la primera opción de poner en vitrina la que se supone es la mejor cosecha de la temporada.

Haneke ganó la Palma de Oro, un premio que en el pasado se llevó “Rosetta” o “El sabor de la cereza”, filmes que admiro profundamente. Lo seductor de Cannes es quizás eso, que aunque a ratos cuesta encontrar esas joyas, terminan por aparecer en algún momento. Podría haber un Cannes de lo bueno, premium, fast track, que me llevara directo a las mejores pelis. El ideal sería poder tener una especie de after Cannes, el de las joyas solamente, para no tener que sortear tantas otras películas, y por sobretodo no levantarse tan temprano. Calculaba que si vi una treintena de filmes significa que me pasé más de 30 horas en filas, sentado en la cuneta, almorzando paninis o devorándome un pan au chocolat a la rápida, planificando rápidamente la peli que venía después o al día siguiente. Si hasta en esos apuros compulsivos por alcanzar a llegar a un pase se me perdió mi celular (a otro amigo se le perdió una cámara). Pero a la vez creo que si existiera este Cannes premium me privaría de las acaloradas discusiones nocturnas en torno a uno y otro tipo de cine, que generaban las películas del día. Todas estas conversaciones son parte de lo que es este festival y, pese al cansancio, ya se empiezan a extrañar.