“Aquel querido mes de agosto”

Un poco tarde, aunque no por eso es menor, llega a Nueva York, “OurBeloved Month of August” o “Aquel querido mes de agosto” , un magistral filme portugués dirigido por Miguel Gomes.

La partida de “Aquel querido mes de agosto” deja a cualquiera en un estado de perplejidad, acumulativo, ya que por largos minutos sólo se ven paisajes y personas que habitan Arganil, una zona del centro de Portugal. Todo parece indicar que se trata de un documental que – tal como el título- transcurre en agosto,  con los bosques, lagos y ríos repletos de gente, muchos festivales locales de música, grandes bailes,  fiestas y por supuesto horas de sobra para el ocio. Por delante de la cámara vemos personas practicando sus diferentes oficios, charlando, cantando, desfilando, bebiendo, recordando anécdotas locales o viejas historias de amor y heroísmo. También vemos en esa misma zona a un equipo de cine intentando capturar imágenes como esas, hablando de la filmación de una película que ha tenido problemas financieros. De hecho, en un momento,  el productor recrimina al director -el propio Gomes- por no rodar las cosas que hay que rodar y no haber encontrado a las personas  que van a interpretar a los protagonistas de esa cinta de ficción.

En sí mismos estos pasajes contienen un misterio, una ausencia de exposición que, al menos a mí, me obligaban reiteradamente a preguntarme la naturaleza de la experiencia fílmica que estaba presenciando. Gomes filma de un modo en que las cosas cotidianas son extraordinarias en sí mismas, le canta a la gloria de asombrarse ante las cosas pequeñas, a la nostalgia portuguesa, al saudade. Pero hablar de todo esto no es nada en comparación con el milagro cinematográfico que se va a producir más adelante, cuando esa conversación entre el productor y el director – sobre encontrar a los personajes de la película- se empieza a transformar en una realidad. Paulatinamente nos empezamos a dar cuenta  que esos mismos lugares y esas mismas personas que estaban en “el documental” ahora están dándole vida a una historia de romance de verano, tal  como lo describía el guión de la película de ficción que había estado presentando problemas. La ficción comienza a operar, pero no como una alegoría, como por ejemplo ocurre en el caso de “Tropical Malady” -del gran Apichatpong Weerasethakul- sino que como una parte integrada a un todo realista.

“Aquel querido mes de agosto” es notable por los niveles a los que extiende el territorio de la narrativa cinematográfica, por su acercamiento moderno a  la ficción y la no ficción, o a la realidad en sí misma, utilizando mecanismos fundados en una simpleza cautivante. Estamos ante un trabajo  que no recurre a otras referencias más que a torbellinos de vida y desde las cuales es capaz de describir un mundo tal como es, construír una historia que puede emocionar y al mismo tiempo hacer preguntas sobre la naturaleza del cine.  Es un filme que funciona como un cuerpo integral, como una gran aventura, que después de visto no se constituye más de una parte de no ficción y otra de ficción, sino que tiene una consistencia indivisible. Desde que ese efecto queda establecido, la separación ya no existe más y los momentos entrañables de juventud, música y amor que representa la ficción se hacen inseparables de esos primeros minutos llenos de vida con los que partió la cinta.

El arribo de “Aquel querido mes de agosto” – que no llegó en agosto, pero sí en septiembre-  es cortesía una vez más del Anthology Film Archives, una institución a la que los años no le han hecho mella y ha demostrando seguir con un gran olfato a la hora de escoger sus películas. Si no me equivoco el filme ni siquiera se mostró en algún festival importante en NYC. ¿Dónde estuvieron las programadores?

Su exhibición también es posible gracias a los buenos amigos de Figa Films, una distribudora con sede en ambas costas de Estados Unidos, que ha ido agregando a su portafolio varios filmes arriesgados, donde la libertad narrativa y las ideas atractivas son el mínimo común denominador.

El Anthology también aprovechó la ocasión de hacer una muestra que incluye los trabajos anteriores de Gomes. Estos filmes incluyen “La cara que te mereces”, un largometraje del 2004 y varios cortos.